Que hay gente que actúa rozando la frontera de lo inmoral no es  una noticia.  A veces la rozan de ésta lado de la línea y a veces del otro lado. Llevo varios días encontrándome con casos que son ejemplos vivos de ello. Contaré dos que son específicos del mundo de la bonificación por formación.

Primer caso. Un proveedor le pasa a un cliente un presupuesto de un curso de formación. El presupuesto incluye tanto la impartición como la gestión de la bonificación ante la Fundación Tripartita.  Además el presupuesto detalla el precio por participante y el total para 11 participantes. Hasta aquí todo normal. Lo curioso llega cuando justo debajo del importe total leo “la bonificación por este grupo es de XXX euros” y qué casualidad que esa cifra es sólo un poquito inferior al precio del curso. Creo que los expertos en técnicas de venta llaman a esto “reclamo”, es una artimaña que te induce a creer que será formación gratuita o casi. La bonificación por un curso nunca se sabe a ciencia cierta hasta que éste ha terminado, ya que depende, entre otras cosas, del número de participantes finalizados y de los costes incurridos. Un buen profesional hablaría en todo caso de la bonificación máxima.

Pero esto no es todo. Cuando tomo la calculadora y me pongo a las cuentas me doy cuenta de que el importe bonificable está calculado tomando el módulo económico máximo de 13 euros por participante y hora, el cual se aplica a aquellos cursos presenciales de nivel superior. Un curso de nivel superior es aquel que implique especialización o capacite para desarrollar competencias de programación o dirección” cosa que no se cumplía de ningún modo. De hecho tanto el título del curso como sus objetivos citaban específicamente el adjetivo “básico”.

Segundo caso. En un conocido evento de empresarios y emprendedores coincido con una persona que se me presenta como comercial de una firma. Él me pregunta a qué me dedico yo. Le contesto que tengo una empresa dedicada a la gestión de bonificaciones ante la Fundación Tripartita. Me contesta que ellos también se dedican a eso y afirma que están acreditados por la Fundación para hacer esas gestiones. Yo me sorprendo por tal afirmación y le pregunto por la acreditación. Me insiste en que están acreditados. Yo sé que me exagera y que trata de dar una buena imágen de su empresa, pero miente. Creo que a esto se le llama pavonearse ¿no?.

Por si no lo saben, la Fundación Tripartita no certifica ni acredita a nadie. Sí es cierto que en la web de la Fundación puede consultarse un “catálogo de entidades organizadoras” y es cierto también que cualquier empresa puede apuntarse a dicho listado simplemente enviando una solicitud. De hecho a pie de página la Fundación nos advierte “La Fundación proporciona estos datos con fines exclusivamente informativos, y declina cualquier responsabilidad respecto a los servicios ofrecidos por las entidades“.

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