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Foto tomada de FLickr bajo licencia CC, autor: "marisil".

Foto tomada de Flickr bajo licencia CC. Autora "m a r i s i l"

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En los últimos días estoy manteniendo reuniones con empresas y profesionales especializados en servicios de outsourcing de administración de personal, nóminas y seguros sociales. La mayoría de ellos conocen bien el “FORCEM“, al menos en lo relativo a su utilidad y posibilidades (a veces mejor que algunos profesionales de la formación).

En estas conversaciones estoy formulando una reflexión que veo que resulta retadora y provocadora a este tipo de profesionales. Siempre he sentido que el trabajo de gestionar las bonificaciones de la Tripartita era un trabajo ajeno al mundo de la formación. Relacionado, pero ajeno. Mi experiencia personal me indica que la mayor parte de las consultoras de formación se vieron en su día abocadas a prestar un servicio en el que ni creían, ni creen hoy en día. He visto a bastantes psicólogos y pedagogos trabajando como administradores/gestores de papeles de la Fundación en proceso que yo interpreto como una degradación de lo que debe ser la formación.

Los clientes de las consultoras de formación tenían la necesidad de alguien les quitara del medio esa pesada tarea de gestionar “los papelotes”. Y, equivocadamente a mi modo de ver, trasladaron esa demanda a sus proveedores de formación. Quizá fue recurrrir a lo que estaba más a mano, pero opino que es un error. Lo más cercano, lo más sencillo, no siempre es lo más adecuado. De este modo, las consultoras de formación se encontraron con un negocio “indeseado” e “incomprendido”, una especie de patito feo, al que hay que atender pues un cliente te lo pide, pero al que no se le da la entidad de Servicio (con mayúscula) que tiene. Una especie de “no me apetece meterme en este jardín pero debo hacerlo, no se me enfade el cliente”.

Foto tomada de Flickr bajo licencia Creative Commons, autor "Gustavo (lu7frb)"

Foto tomada de Flickr bajo licencia Creative Commons, autor "Gustavo (lu7frb)"

Pero muy  pronto, cuando el patito feo estuvo en casa, comprobaron que podía hacer un espectacular negocio. Sí, un lucrativo negocio cobrándoles a los clientes un 20% de la bonificación sin que éste rechiste. Fue entonces cuando pretendieron convertir el patito feo en un espectacular y colorido Pavo Real. Sin más convicción y sin más interés que el lucro que supone gestionar a ciertos precios los papeles del FORCEM. Desde entonces, cada día más consultoras, para demostrar las excelencias de sus cursos envasados al vacío, anuncian que “el valor añadido de nuestros cursos es que ud. se los puede sacar gratis si se los bonifica, gestión que nosotros hacemos a las mil maravillas”. Es el momento en que el negocio de la pedagogía se prostituye e intenta querer ser el negocio de la gestión. Es el momento en que pierde importancia todo lo relacionado con el aprendizaje y sólo importa el “todo vale con tal de bonificar el curso”. No culpo solo a las consultoras creadas al calor del dinero fácil, también a los responsables de formación que han dejado de mirar hacia los objetivos pedagógicos y han caído en el discurso fácil del “no me preguntes lo que aprendieron (que no lo sé ni me importa) sólo te digo que no costó dinero”. Conozco casos de empresas que han aceptado pagar 270 € por acción formativa gestionada mientras pretendían tener formadores seniors a menos de 60 € la hora en formaciones para la alta dirección.

 A los abogados, graduados sociales o diplomados en RRLL con los que hablo les digo que lo natural sería que la gestión de las bonificaciones se las confiaran a ellos, puesto que en definitiva relacionarse con la Fundación Tripartita es relacionarse con la Tesorería General de la Seguridad Social.

Ellos son quienes saben de las normativas que regulan las “deducciones en las cuotas a la seguridad social” y no los psicólogos y pedagogos que pueblan las consultoras de formación. La prueba de ello es que si, por ejemplo, los objetivos pedagógicos que comunicas son una verdadera barbaridad ningún inspector de la Fundación Tripartita te va a decir nada. Si las encuestas de un curso dicen que el curso ha sido una verdadera chapuza tampoco te va a pasar nada. Ahora bien, no se te ocurra aplicarte de modo irregular un coste, porque si te pillan, te cae encima todo el peso de la Inspección.

Es como si se pusiera de moda que el headhunter que capta a un candidato, o el psicólogo que aplica un 16PF en un proceso de selección, se encargara de asesorar sobre el tipo de contrato más adecuado, sobre las claúsulas que debe recoger dicho contrato y sobre qué grupo de cotización a la seguridad social resulta más adecuado. Y es como si ese headhunter o ese psicólogo te cobrara por la asesoría laboral el triple de lo que te cobra por hora de proceso de selección.

Si no confías en un experto en selección para la administración del contrato laboral ¿qué ganas confiando en un “experto” en formación para gestionar reducciones en tus cuotas a la Seguridad Social?.

Toda de Flickr bajo licencia CC autor " kozumel ".

Tomada de Flickr bajo licencia CC autor " kozumel ".

¿Nunca han sentido curiosidad por saber qué espera conseguir un paciente que está recibiendo tratamiento en un hospital? Parece que es obvio ¿no?. Básicamente prevenir, diagnosticar o curar una enfermedad o bien paliar los efectos de dicha enfermedad.

Pero imaginen que preguntamos a una serie de pacientes cuáles son expectativas respecto del hospital y de las pruebas y tratamientos a los que se va a someter. Imaginen que esos pacientes actuaran y se expresaran como en ocasiones lo hacen los alumnos y alumnas de los cursos de formación. Probablemente les escucharíamos algo parecido a las siguientes afirmaciones:
 

 ¿Que qué espero de mi ingreso y estancia en el Hospital? Espero que sea ameno, pasarlo bien y el contacto con los otros enfermos, que hay pocas ocasiones de coincidir”.

 “Sanar. Estando en un hospital uno siempre sana algo”.

 “Mmmmm ¿Mi expectativa sobre mi ingreso en el hospital…?: ninguna porque yo nunca he sido diagnosticado de nada pero hace una hora me han avisado de que tenía que venir a ingresar hoy a las nueve y cuarto, y por eso he llegado tarde”.

 “Vengo al hospital porque mi médico tiene que cumplir un objetivo de vacunaciones por persona. Como se acaba el año y yo era la que más desahogada estaba, y el resto de vacunas no me gustaban, he venido a vacunarme de meningitis”.

“En realidad no tengo problemas de deplección parcial del colesterol hepático pero el nombre del principio activo – inhibidores de la HMGCoA-reductasa – me hizo sentir curiosidad y me lo estoy tomando ”.

 ¿Simpático, desconcertante, cómico, subrealista? ¿Qué opinaríamos de los Responsables Sanitarios? ¿Qué opinaríamos de los propios “pacientes”? ¿Qué opinaríamos de la gestión del gasto sanitario?

Las frases anteriores no las he recogido en el ámbito médico. Es evidente. Están inspiradas en declaraciones de participanes en cursos y talleres de formación que yo he impartido. Es lo que han manifestado como expectativa ante el curso al que asisten. Son declaracines sobre qué es lo que esperan de la formación. Hablo de cursos de formación continua en empresas, no hablo de la formación universitaria ni la formación profesional. Las frases originales fueron éstas:

 “En realidad en mi puesto no uso – este curso – pero lo vi anunciado y el título me hizo sentir curiosidad a ver de qué va”.

“Aprender. Siempre se aprende algo”.

 “Espero que sea ameno, pasarlo bien y el contacto con los compañeros que hay pocas ocasiones de coincidir”.

“Mi expectativa: aprender algo que me permita mejorar”.

“Ninguna porque mi jefe me ha avisado de que tenía que venir a este curso hoy a las nueve y cuarto, por eso he llegado tarde”.

 “Vengo porque mi departamento tiene que cumplir un objetivo de horas de formación por persona y como se acaba el año y yo era la que más desahogada estaba y el resto de cursos no me gustaban…”.

Hace unas semanas uno de los lectores me proponía escribir acerca del motivo por el cual resulta difícil establecer objetivos de formación. Pretendo iniciar este análisis retomando este antiguo post, el cual ilustra bastante bien el “desperdicio” que a veces supone la formación mal identificada, mal diseñada, mal comunicada a sus destinatarios o mal impartida.

Les invito a que me sigan en los sucesivos artículos en los que relataré mi experiencia y mi opinión al respecto. 

Se ha convertido en algo habitual que la gente piense que la formación para las empresas sale gratis, cuando la bonifican a través de la Fundación Tripartita

 Vamos a ver señoras y señores …

QUE LA FORMACIÓN NO ES GRATIS !!!

foto tomada de Flickr bajo CC, autor Cayusa

foto tomada de Flickr bajo CC, autor Cayusa

En primer lugar, todas las empresas cuya plantilla sea superior a 10 trabajadores están obligadas a un porcentaje de cofinanciación. El porcentaje de cofinanciación varía, según la plantilla de la empresa, entre el 10% y el 40% de la cantidad bonificada.

Cofinanciación es, según lo define el Real Decreto que regula el sistema, “La diferencia entre el importe correspondiente a los costes de formación y aquel por el que se bonifica la empresa“. Pero para que se entienda mejor cofinanciar significa “financiar una actividad conjuntamente” y conjuntamente significa “al mismo tiempo”. Es decir, en el mejor de los casos, si usted tinene más de 10 empleados y se bonifica 100€, deberá acreditar gastos por 110€.

Entonces ¿es gratis para las empresas de menos de 10 trabajadores?

QUE NO !!!

Hay un coste que jamás puede imputarse a los costes bonificables de una formación. Es el coste salarial de la plantilla que ha estado en formación. El salario no es un concepto admitido por la Fundación como coste directo ni como coste asociado. Es un coste que únicamente puede imputarse para alcanzar el % de cofinanciación. Las empresas que no deben justificar cofinanciación “se comen” su coste salarial. Las que lo aplican a su cofinanciación no lo recuperan. El salario lo pagan igual y el trabajador no está produciendo. Lucro cesante lo llaman. No es gratis.