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Los que sigais a BONIFICATE a través de Twitter o LinkedIn estais al tanto de la inminente entrada en vigor de la Resolución de 27 de abril de 2009, del Servicio Público de Empleo Estatal, por la que se publica los cuestionarios de evaluación de calidad de las acciones formativas para el empleo.

Esta Resolución me sugiere muchas reflexiones sobre lo atrasado de nuestro modelo de Formación Continua, a pesar del esfuerzo por mejorarlo en los últimos años. Las modificaciones que encontrareis si comparais la versión anterior de encuesta con la nueva son más de forma que de fondo o de concepto. En concreto quiero hablar de la confusión de nuestro Servicio Público de Empleo Estatal (o de sus asesores en materia de formación) entre el concepto de calidad de las acciones formativas y de satisfacción (del alumnado). No voy a entrar en debates propios de expertos en calidad pero sí en lo que a la formación, a la Pedagogía, se refiere.

MODELO ENCUESTA FORMACIÓN DE DEMANDACuestionarios como los que entran ahora en vigor sirven para contrastar lo obvio, es decir, los mínimos indispensables. Es como si te compras un coche y te encuestan sobre la calidad preguntándote “¿el coche tenía asientos?  ¿y volante?”. Otras preguntas del cuestionario se formulan a los participantes, los cuales no tienen por qué tener una opinión fundada ni válida sobre el tema. Siguiendo el ejemplo del coche, es como si preguntáramos “La BSI del control electrónico ¿está actualizada?”. Otras preguntas son simplemente ridículas “el vehículo que ha adquirido ¿mejora sus posibilidades para viajar?”

Toda acción formativa debe cumplir unos mínimos: la organización del curso debe ser buena, los formadores y formadoras profesionales válidos, las aulas y medios estar en buen uso. Pero nada de esto asegura la calidad de las acciones formativas, sino tan solo el contento o la satisfacción del alumnado. Cuántas veces hemos escuchado al final de un curso lo de “qué bien comimos en el hotel y qué bien supo llevarnos el profe, y lo ameno, incluso en la hora de la siesta”. Esto mide lo contenta que se va la gente, pero no podemos caer en el error de pensar que estamos midiendo la calidad del curso.

En formación tenemos dos clientes: el cliente que compra y el cliente que consume. Es como la clientela de un kiosko de golosinas: están los que compran (normalmente madres y padres, aunque no exclusivamente) cuya preocupación principal está en relación con lo saludable que son las golosinas para sus hijos e hijas. Y están los que consumen, es decir, la chiquillería, la cual no se preocupa por su nutrición sino por su disfrute. En la Formación ocurre parecido. El cliente que consume la formación, es decir, el alumnado, debe estar satisfecho con lo que consume. Este cuestionario está dirigido a ese colectivo. El cliente que compra, la Direccción de RRHH/Formación, lo que espera es el desarrollo de las personas participantes. A día de hoy no medimos cuánto están de satisfechos con los resultados del curso los que compran. Y sería momento de empezar a medirlo.